miércoles, 20 de abril de 2011

Más poesía y menos Prozac

A medida que pasa el tiempo, desde éste balcón de la vida al que me encuentro asomado, constato con mayor claridad la necesidad de apostar por la poesía. “Más poesía y menos Prozac”, podría decir parodiando el título del libro de Lou Marinoff "Más Platón y menos Prozac", menos visitas a las consultas de los psiquiatras y psicólogos, menos antidepresivos y más poesía. La poesía es gratuita y el Prozac y las visitas al médico hay que pagarlas. Lo digo para los que piensan en términos económicos, que también lo hay.

Hace unos meses escribí un artículo al que titulé “Un milagro llamado primavera” y del que, algunos de mis lectores seguidores, me felicitaron. Me felicitaron, creo yo, más bien porque no están acostumbrados a leer de mi pluma otra cosa que no sean los artículos que durante más de 10 años vengo escribiendo en este periódico y que con más o menos acierto abordan temas de divulgación de la ciencia y la tecnología, conocen mis libros recopilatorios de artículos y quizá no conocen tanto mis cuentos o mis poemas, que hoy les quiero descubrir que también escribo. El mencionado artículo se me escapó de las manos de la ciencia y se me fue al de la poesía, y en agradecimiento a aquellos que me felicitaron por él, hoy quiero seguir navegando en ese mar fabuloso que es el de la poesía. Quizá sólo mis amigos más íntimos saben de mi pasión por la literatura y quizá otros hayan leído algunos de mis poemas o mis cuentos. El secreto está en no soltarse de manos: una mano a la poesía y otra la ciencia. Les aseguro que desde esta perspectiva el panorama es maravilloso.

Cuando me preguntan mis alumnos qué estudiar, ciencias o letras, siempre les digo lo mismo: estudiar las dos cosas, si una de ellas os falta seréis huérfanos del conocimiento. A mis alumnos y todos mis lectores les propongo que este verano lean algún libro justamente de un tema que no sea el suyo.

El verano invita a la sombra, a la inactividad, a la reflexión, a la lectura, por eso les quiero recomendar que lean la obra que leo actualmente “Inventario” de Mario Benedetti que a lo largo de sus cuatro tomos recoge prácticamente toda la poesía de este magnífico escritor recientemente fallecido. Benedetti me está enseñando a interpretar la luz y los sueños de los hombres, a comprender la “inutilidad de un paseo” junto a un río, el imperio de los sentidos y la pasión por la vida. Apasiónense por las pequeñas e inútiles cosas de la vida, el secreto está en comprender el lenguaje de la naturaleza, y el sentido del llanto y la alegría de nuestros semejantes.

Hoy quiero decirles que el mundo está falto de poesía. Que la incomunicación, la tristeza, la falta de ganas de vivir y la soledad de este hombre del siglo XXI no siempre son tratables con fármacos. Decirles que no se puede permanecer tantos días, semanas, meses y años en esta situación de insomnio que padecemos. Insomnio de “sueños”, quiero decir. Carencia de ilusiones, sueños, pasión, magia y deseos de vivir.

Vivimos una época de la historia en la que el hombre padece una gran indigencia de ternura y de sueños. Somos alérgicos a las caricias y a la melancolía. Consumimos grandes dosis de ansiolíticos con el único fin de mantenernos despiertos ¿? en este torbellino de “sensualidad enlatada” que embotellan en las fábricas de cosméticos, en los gimnasios o en los hoteles de lujo con yacusi, golf, desayuno en la cama y vistas al mar, mientras, sin saberlo nosotros, la hierba crece ahí afuera y somos incapaces de escuchar el rumor del agua que discurre felízmente inútil hacia la razón última del océano.

Les escribo hoy para hacerles participes de este pensamiento y mostrarles mi convicción más profunda de que hay que restaurar a su lugar a la poesía, para poder resolver los grandes conflictos que ocupan al ser humano, para curar esta enfermedad de soledad y materialismo que se está convirtiendo en una pandemia en nuestra civilización. Debiéramos regalarles a los políticos, ahora, para las vacaciones, un libro de poesía, para que incluyan en sus actas unos versos, sembrar sus despachos de confeti y colocarles un gran espejo detrás de las puertas para que antes de cerrarlas se miren la cara y descubran lo lejos que les queda la solidaridad, la justicia, la honradez y la credibilidad. Regalarles libros de poesía en donde se recoge la esencia de nuestra grandeza y nuestra miseria como especie y en donde se reivindique el equilibrio con la naturaleza, la Tierra, nuestra casa en el cosmos.

Padecemos una época muy conflictiva. La depresión económica asola el mundo y curiosamente las gentes se entregan equivocadamente, con más deseo, al consumo induciéndose así mismas una especie de “amnesia” que les aleja de la realidad. Pues bien, yo quiero decirles que en estos momentos en los que el horizonte se nos llena de nubes y de incertidumbre es una buena terapia asirse a la poesía. La poesía al igual que los medicamentos posee componentes activos muy valiosos que actúan sobre el centro de la tristeza y activan los “neurotransmisores” del amor, la amistad y la generosidad. No sé si alguien pondrá en duda el valor de la poesía pero si algún se atreve a ello pondrá de manifiesto su ignorancia.

Primaveras, otoños, veranos e inviernos se suceden en nuestras vidas y desde la ventana de nuestra casa vemos como la poesía toca con sus nudillos de espuma en el cristal, invitándonos a comprender que lo más importante en este mundo no es lo que se compra sino lo que se regala generosamente. Que lo que nos hace felices es tener siempre una mano a la que agarrarnos, derribar muros de intolerancia y fundamentalismo, ser capaces de trazar proyectos con objetivos humanos no económicos, luchar contra la cada vez mayor brecha de pobreza que divide trágicamente nuestro planeta. Piensen, por favor, en la repercusión de la crisis económica mundial sobre los más pobres, sobre los que no comen todos los días y no tiene una casa. Pásenles por debajo de la puerta de sus despachos a los políticos y a los banqueros un poema, quizá les sorprenda que existen una ingeniería de la palabra y de la ternura que se contrapone a la ingeniería financiera de los que vociferan en los parques de la bolsa, subiendo y bajando dividendos en una carrera enloquecida hacia la destrucción. No olviden que seremos mayoría siempre, los que nos sumemos a este lado.

Yo quisiera que por lo menos un día, en todo el planeta, se cambiaran las bombas, las injusticias, los asaltos, las violaciones, los asesinatos, las infamias, por unos versos.

¡Qué maravilla!, se imaginan un verso dicho al unísono por todos y cada uno de los seres humanos que pisamos este planeta en un mismo instante.

¿Qué versos elegiría usted para ese día?

1 comentario:

Mariale Perozo dijo...

Me ha encantado este post, muy bien escrito bien razonado bien argumentado.

Os dejo mi poema favorito en este enlace de abajo:

http://marialepo.blogspot.com.es/2011/08/cuentos-para-pensar-parte-iii-comer-la.html

Poema de Gabriela Mistral (primera mujer latinoamericana en ganar el premio Nobel de Literatura).