miércoles, 20 de abril de 2011

Energía limpia y abundante: ¿Para qué?

¿Cuántos años nos quedan de poder disponer del petróleo? ¿Qué ocurrirá cuando se agote el preciado “oro negro”? ¿Las energías alternativas serán la solución a este “crecimiento inflacionario”? ¿La crisis económica mundial será un punto de inflexión en nuestra forma de conducirnos como civilización?

Leía hace unos días un brevísimo libro de no más de 60 páginas titulado ¡Indignaos!, escrito por el octogenario Stephane Hessel y prologado por José Luis Sampedro en el que de una manera rotunda y clarividente este antiguo miembro de la Resistencia Francesa contra el fascismo alemán y coautor de la “Declaración de los Derechos Humanos “proclamada por las Naciones Unidas en 1948, con sus 94 años lanza un mensaje a la sociedad occidental en el que la invita a la insurrección pacífica en un alegato contra la indiferencia dirigido sobre todo a la juventud. Su pensamiento me sirve e inspira para redactar este artículo.

¿Cómo responder a las preguntas que les hacía al principio? Lo primero que debo advertirles es que pongan mucha atención en el sitio en donde recaben información, que sea fiable y veraz. Uno de los más importantes problemas que tiene el hombre del XXI inmerso en esta revolución de las tecnologías de la información es la corrupción de los propios medios de comunicación que por desgracia son servidores de intereses económicos y políticos. Aquello que en el siglo pasado se llamaba la opinión pública y libertad de prensa es una entelequia sin vigencia.

El problema de nuestra civilización no tanto es la escasez de los recursos energéticos o la distribución de estos, sino la pasividad, el adormecimiento de los ciudadanos y la insaciable voracidad de las minorías predadoras que gobiernan el mundo. Nadie pone freno a los banqueros, especuladores y mercaderes de vidas y haciendas. Si mañana consiguiéremos una fuente de energía limpia e inagotable eso no pondría fin a nuestra capacidad de destrucción del medio, no frenaría nuestro egoísmo no nos haría más solidarios. El fracaso de los modelos energéticos y productivos no viene dado por su naturaleza intrínseca si no por la propia naturaleza pasiva de las mayorías y la capacidad predadora de las minorías financieras que nos gobiernan. ¿Más energía y más barata, para qué? ¿Para seguir manteniendo brechas de pobreza entre los países ricos y los pobres?. Un día los países ricos administrarán la luz del sol y el viento, les pondrán fronteras y se acrecentará su egoísmo y su desmedido afán de dominio. El problema, tal como explica Hessel, es que los seres humanos debemos acogernos a la insurrección a la resistencia pasiva, indignarnos y salir a la calle, sin violencia (como él sugiere) o con violencia, no sabría decir en este momento cómo, pero si impidiendo que esa estirpe de voraces e insaciables “ingenieros financieros” nos lleve a la ruina total. ¡Basta ya de tanta humillación y engaño!

¿Díganme una cosa?, ¿cuántos responsables de esta crisis económica mundial han sido sentados en el banquillo?, ¿a cuántos de estos ladrones de talonario y cuenta corriente se les ha obligado a restituir lo robado? ¿Saben porque no se les ha tocado un solo pelo?, por la pasividad y la indiferencia de los ciudadanos. ¿Por qué razón somos los contribuyentes los que tenemos que tapar el gigantesco agujero que han creado no más de una docena de hombres en la economía del planeta? Desgraciadamente el terrorismo no resuelve el problema, porque el terrorista recurre a matar a inocentes con el fin de presionar a los culpables para que depongan su actitud, sin embargo los banqueros y especuladores permanecen en sus lujosas mansiones guardados por sus escoltas, indemnes y a salvo de la justicia, con la aprobación de débiles y corruptos gobernantes carentes de imaginación y torpes. Estamos rodeados de políticos grises y ambiciosos que nos engañan y permiten que esa otra casta de banqueros y especuladores nos roben.

Los recursos energéticos son una variable más en el modelo económico y social del planeta, pero no la única. La abundancia de un bien no es garantía de bienestar, en absoluto. Todo lo contrario. Si la energía se convierte en barata, abundante y no contaminante el siguiente paso es la elevación del consumo de bienes y servicios, justamente aquellos cuyo precio esta condicionado por el precio de la energía. Pero estos bienes de consumo no se fabrican de la nada y por lo tanto producirán una demanda en materias primas, transportes y servicios que hará que el modelo entre en régimen inestable e inflacionario.

Mientras que existan países pobres a los que se les impide el desarrollo y en los que las condiciones de vida sean precarias siempre estaremos en un modelo insolidario y peligroso.

En estos días todos los gobiernos revisan la seguridad de sus centrales nucleares para calmar el clamor de los ciudadanos que exigen calidad de vida y seguridad, a la vista de la catástrofe nuclear en Japón. Sin embargo nadie habla de revisar el alarmante consumo energético de los países occidentales, nadie habla de políticas de ahorro, de consumo responsable, de uso de medios de transporte como la bicicleta o de reciclar la basura y prohibir el uso de plásticos en envases.

Nadie podrá evitar una catástrofe natural, la Tierra temblará cuando le venga en gana y el océano invadirá las costas. Un asteroide podrá chocar con la Tierra, o las cenizas de un volcán cubrirán un continente paralizando la aviación y creando un colapso económico. Todo ello será inevitable, sin embargo la razón y el sentido común si son exigibles en el ser humano. Las centrales nucleares será bueno que se cierren siempre que en lugar de quedarnos en casa en mangas de camisa en pleno invierno nos pongamos una chaqueta o que en lugar de ir cada uno con su coche de viaje lo hagamos en transporte público y ferroviario.

La quimera de los molinos de viento para producir energía eléctrica que nos haga autosuficientes es una oferta con “letra pequeña” que los gobiernos venden muy bien y que no nos llevará a un auténtico “desarrollo sostenible”. Pregunten a las empresas eléctricas que tal les va el negocio de las energías alternativas. Es de un cinismo insoportable ver los anuncios de alguna compañía eléctrica que nos muestra sus centrales de producción de energía en medio de un campo de flores y nos hablan de energías limpias cuando esas mismas han sido las responsables de la emisión de millones de toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera en los últimos 50 años, sin ningún control, incumpliendo normas y acuerdos. ¿Acaso alguien es capaz de imaginarse un mundo idílico a base de paneles solares y molinos en el que el consumo per cápita de energía por habitante se pueda multiplicar por 100 en un plazo de 50 años?, ¡basta ya de mentiras!

¿Qué sentido tiene que en nuestro país se hayan construido miles de kilómetros de autopistas cuando se prevé que se acabara el petróleo muy pronto?, ¿acaso piensan que con las energías de los aerogeneradores podremos cargar de “manera ilimitada” los ilimitados vehículos que nos compraremos con el dinero que nos ahorremos en la factura de la luz y que rodarán por esas autopistas? ¿Por qué no se ha apostado por el transporte público? Aún algunos se preguntan por el ferrocarril y dicen que podría ser la solución y sin embargo se ha apostado por la alta velocidad, ¿alta velocidad para qué?, ¿bajan la velocidad en las carreteras a 110 y trazan líneas de ferrocarril que pueda alcanzar hasta 300 km/h y que vaya saltando de gran ciudad en gran ciudad, dejando el resto del territorio invertebrado, abandonado y olvidado. ¡Cuánta locura!, ¡cuánta indiferencia y conformismo!, ¡cuánta insolidaridad!

¡Indignaos!, ¡por favor!